domingo, 27 de junio de 2010

VOLVER AL FUTURO



El sol cruza por entre las chimeneas del fantasmal ingenio que trasluce los metálicos huesos de sus galpones ya sin alma. Sus trapiches ya no muelen el destino del pueblo y se suma a la maldita lista de ingenios azucareros cerrados por Onganía en el 66. Afilada estocada que hiere el futuro de miles.

A pocos pasos de lo que fuera la entrada de la fábrica, está mi casa.

En el jardín, entre las rosas de mi madre, descansa la escoba vieja que el día anterior fuera el más brioso de los caballos. Un palito de mora mojado de rocío fue la brillante espada con la cual defendí el reino imaginario de mis juegos que las chimeneas vigilan inmóviles, como tres dragones con sus pulmones apagados.

Es domingo.

Además de la leche recién ordeñada que llega en botellas de vino, se suma a los ciclistas repartidores el viejo Pablo: “El Gacetero”. De su enorme canasto de mimbre extrae las noticias impresas en prolijas columnas de tinta negra. Solo una parte de estos papeles sufre una anomalía que parece un trueno, un enjambre de líneas y volúmenes de tinta que se vuelven un imantado agujero negro que absorbe la mirada de un niño de cinco años.

Esos caballos, esas tensas extremidades corporales, esos seres flotantes…
Esos. Son los dibujos del Maestro Aurelio Salas en La Gaceta Literaria.

Mapa y Territorio del Arte

El día que abre en Buenos Aires ARTEBA, la feria de Arte más importante de nuestro país, mapa por donde desfilan las nuevas tendencias del Arte contemporáneo. Yo me subo arriba de un ómnibus que cruza todo el centro de San Miguel de Tucumán y al mismo tiempo cruza más de treinta años de distancia entre mis domingos en Los Ralos y lo que voy a buscar en la esquina de las calles Muñecas y Chile.




Tener un mapa te da una idea abstracta de lo real, pisar el territorio es diferente, es sentir las piedras debajo de tus pies, sentir el aire del camino y la gente que lo recorre.

La sala está en una esquina, es pequeña en arquitectura, pero grande en calidez. Sus paredes están recubiertas con cartón corrugado, una sorprendente piel que contrasta perfectamente con su valioso contenido.

Frente a las obras, vuelvo a sentirme el niño que miraba estas líneas sin saber que iba a ser dibujante. Viajo a mi pasado en segundos y me emociono al enfrentar cada obra, como intentando contener al niño que me trae la memoria. Agradezco poder estar parado en este río de tinta que me permite acercarme a su orilla.

El mozo amigo me acerca una copa de vino.

Ya he recorrido tres veces la hilera de cuadros. El vino me recorre a mi, como un catalizador de tanta emoción, para volver a sentir lo mismo que sentí cuando era un niño que aun no sabía leer, pero que sentía una inexplicable atracción por esos campos de tinta que lo llevarían a ser, lo que debía ser: “Un Dibujante”.



Gracias maestro Aurelio Salas.
La Muestra permanece abierta hasta el 24 de julio
Territorio del Arte