viernes, 16 de octubre de 2009

100 DIAS



Mis pinceles estiran sus piernas.

Paso la palma de mi mano como sobrevolando las latas que los contienen, este vuelo rasante los acaricia como pequeños cachorros que sienten la pertenencia.

Cien días han pasado desde que toque la última tela.

Acostumbrarme a un nuevo lugar es casi una misa de réquiem, la falta de espacio físico y temporal en mi nuevo universo se ha vuelto una barrera invisible en mi camino artístico. He dejado el frente de batalla entre mis sueños y fantasmas para ocupar un lugar menos concurrido de otras vidas. Sin embargo nunca deje de pintar en mi interior, he caminado cada metro mezclando colores, trazando lineales garabatos en el aire polvoriento de mis calles.

Los dedos ya se han conectado al pincel que he seleccionado entre los elegidos. Duro destino le espera.

Cortar el silencioso mar blanco del lienzo es comparable a un salto al vacío. Miedo, angustia, soledad, esperanza, nervios, memoria. Las líneas que imaginé en el aire mientras caminaba, hoy se amontonan en las puertas de mi cabeza para salir a recorrer este territorio sin mapas, sin límites.

No busco ninguna colina para mirar mis alcances, dejo al pincel interpretar su baile umbilical y sanguíneo. La música me acompaña y los aromas de la comida cruzan desde la cocina de mi casa para traerme de nuevo a la realidad del hogar, los dedos, cual lobos en jauría, vuelven a su delgada tranquilidad. Aun tiemblan.

La tela, como un patio de campo que acaba de recibir las lágrimas milagrosas de una tormenta esperada, reposa del ataque como una mujer vistiendo su mejor vestido.

La obra está terminada (he vuelto a pintar).



"Argamonte" (Acrílico)