lunes, 28 de septiembre de 2009

Del cañaveral a una isla



Vivo en una provincia mediterránea, el mar está a 1.300 Km. Los vientos que recorren mis calles son apresados por una cadena montañosa que da inicio a la precordillera de los Andes, un territorio con paisajes húmedos y también paisajes humanos.

El paisaje humano más destacado es “el abismo” entre ricos y pobres. Los destinos ocupan las mismas pistas, pero las metas son diferentes, unos buscan sobrevivir y los otros por no perder su status. “Cascadas” de piernas alineadas en las veredas esperan que los bancos abran las canillas que riegan con planes de asistencia la tan valorada “Paz social”. Estas limosnas administradas políticamente, mantienen un caldo social en su punto justo. Mientras las manadas pasten tranquilas, no les interesará avanzar por mejores pasturas y las estampidas revolucionarias estarán controladas como un reloj. Puro Síndrome de Estocolmo.



En medio de esta selva, la cultura artística se abre paso como una enredadera, busca la luz en medio de la escasez de riego. Muchas especies anidan en las ramas de árboles cada vez más altos de alcanzar. Los artistas forman pequeñas manadas y comparten sus biomas unos con otros reciclando público para subsistir. Las manadas populares y masivas, no se acercan a las lagunas culturales que sólo parecen atraer público calificado.

Y existimos otros cóndores solitarios, que vivimos sobrevolando estos paisajes sin que nadie nos vea. Las bandadas no nos atraen, la observación es nuestra costumbre. Abrimos las alas para mostrar nuestros vuelos interiores alguna vez, en algún lugar.

Lugares



Hace unos años, llegaron por mi casa dos tucumanos interesados en mis obras para iniciar la ruta del Arte tucumano por Asia.

Estos mercaderes de ilusiones, decidieron emprender en viaje con varias de mis obras y de otros artistas de la provincia. Un mercado desconocido los esperaba y la esperanza de abrir el camino para mostrar obras “Tucumanas” del otro lado del mundo.

Hoy, mis obras están exponiéndose en Galerie Dauphin de Singapur, algo que hace unos años jamás hubiese imaginado desde aquí, desde mi Tucumán, mi habitat natural y solitario.



Gracias Sol y Gabriel, por su trabajo en Malasia y Singapur.