martes, 21 de julio de 2009

Lengua de tinta



El Padre José María de la Torre, era un cura distinto. Un español tosco y de gran altura, que además de dar misa y convertir confesiones de niños en graciosas charlas de amigos, también era montañista y deportista.

Tenía una perrita de mal genio llamada “Dorita”, dueña de un agudo ladrido repetitivo que recorría todas las mañanas las interminables escaleras del inmenso edificio. Recuerdo haber visto alguna vez al padre José María interpretando la lengua de los perros: “Dorita!... no digas malas palabras” cuando la perra peleaba con el viejo perro del jardinero.

Pero hablar con los perros y escalar los Alpes no era la única virtud de este cura.

“Dibujaba”.

Sentado frente a un estudio poblado de decenas de niños que alternaban sus ejercicios de matemáticas y latín con revisiones solapadas de sus tobillos machacados por un intenso partido de fútbol del que solo el sol de la siesta había sido testigo… Sentado, dibujaba.

El almidonado silencio, sólo se interrumpía cuando la guillotina de su tos cortaba el aire del salón. Alguna vez nos contó que le habían operado mal sus amígdalas y desde ese día la tos se había convertido en su sombra sonora.

Si Dios tenía un Plan para mi, creo que esta fue una etapa inicial. A los doce años cuando la vida parecía llegar a un precipicio inesperado y las vacas flacas decidieron pastar en nuestro patio, de pronto tuve la mejor educación gratis y un maestro del dibujo, que aunque yo no mostraba interés alguno por ser un artista, se ocupaba de mostrarme las diferentes corrientes del Arte y sus técnicas. Muy pocas veces le preste la atención que merecía, sin embargo me enseño mucho.

EL TREN DE LOS DIBUJOS



Una vez el Padre José María me contó que emprendió un viaje para llegar a unas montañas en Europa, quería escalar y conquistar un pico más en su lista. Para llegar al lugar debía cruzar Alemania en tren. El sólo hablaba español, pero la barrera idiomática no le impediría llegar hasta su destino.

El tren emprendió su serpenteante camino.

Entre los asientos iban muchos niños que le hablaban sin que el pudiera entender nada, de pronto sus dedos de dibujante le abrieron las puertas de la comunicación. Tomó su libreta, un lápiz y comenzó a charlar dibujando, los niños dibujaron también sus preguntas y sus respuestas, de pronto millones de años de evolución lingüística pegaron un salto a sus orígenes para llenar el vagón de dibujos.

Desde ese día, este cura dibujante caminó por muchas calles rompiendo las barreras de la lengua, haciendo caminos con lápices y plumas, manteniendo viva la expresión más pura del Arte de los hombres: El Dibujo.



Cueva de Lascaux (Francia)

Ilustración tren: Jon Mikel / www.cowboyorange.com

Dedicado a mis maestros y compañeros
del Seminario Menor San José - 1984 Tucumán

miércoles, 8 de julio de 2009

Mano Suelta



Es un hecho que el dibujo es anterior a la palabra, desde la antigüedad el dibujo formó parte de la expresión “muda” del hombre, desde las cavernas hasta la capilla sixtina el dibujo siempre ocupó importancia didáctica, mágica y hasta espiritual en la vida humana, antes que se escribiera la Biblia y sobre todo hasta que aprendieron a leer los futuros cristianos, los artistas de la imagen hicieron su aporte visual para mostrar las hogueras del infierno a los temerosos.

Los niños antes de aprender a hablar dibujan, con tanta libertad que hasta las paredes sufren sus estallidos creativos, pueden volar con un lápiz sin necesidad de explicaciones “conceptuales” y mucho menos terrenales. El niño conquista superficies con sus líneas, sin los límites invisibles que un artista maduro lleva impuestos en sus expresiones. El artista adulto se envuelve en preocupaciones de estilo, mercado, modas y cuantas barreras invisibles se le crucen en el camino del Arte, pierde y arriesga cuando su memoria comienza a deshacerse de sus sensaciones infantiles y la técnica lo acecha a robarle eso que los niños derrochan a borbotones: “La Libertad”.


"Desde la tribuna" (Samuel / 7 años)


“El dibujo es la disciplina más honesta de las artes plásticas… es bueno o es malo” (S. Dalí)