viernes, 12 de junio de 2009

Cuando las pasiones se hacen Arte…



Cruzar la galería del antiguo edificio afrancesado construido en 1905 que alberga un gran patrimonio artístico no es una casualidad. Que un cartel rojo con una figura de trazos sueltos, con la frase “allá atrás” llame nuestra atención hacia la sala del fondo tampoco. Más bien diría, es causalidad pura.

Causalidad cuya consecuencia es una invitación concreta a conocer los rincones más vastos de la creatividad, de la imaginación inquieta que parece dibujar las pasiones. Ese espacio de la memoria y los anhelos, “allá atrás” en lo profundo del ser, donde las emociones buscan convertirse en realidad. Y en la obra de Mario Albarracín las pasiones y emociones permanecen fieles al arte mismo.



En sus obras, la inspiración es puesta en lo cotidiano sin transcripciones naturalistas sino como un código de sutiles signos que nacen desde un proceso exigente pero de libres modos expresivos. Todas sus inquietudes se traducen en dibujos y pinturas que se muestran como apariciones ondulantes en desdoblamientos imposibles, complementados por una absoluta coherencia cromática que establece el orden al caos de los trazos iniciales.

En un mundo mundano y mercantilizado, donde el arte parece responder cada vez más a fórmulas que han acaparado la razón de ser de la creación artística, este joven artista rescata el sentir en el arte. Un arte lleno de sutilezas y alusiones donde lo más llamativo es la presencia de una visión profundamente auténtica que pone de manifiesto los motivos de su pintura: una reflexión abstracta sobre su relación emocional con el mundo.



Su obra es el resultado de una catarsis creativa, síntesis entre sus vivencias celosamente guardadas en la memoria, los cuestionamientos existenciales producto de su posición en el mundo y los altibajos vividos en el sinuoso camino del arte. Como dijera Alain, en sus maravillosos ensayos sobre arte, “el hombre no se aproxima a lo bello en un vacío o como hastío de los sentimientos; por lo contrario, demasiado cargado de pasión, viene aquí para aprender a sentir sin morir.”

Cecilia Quinteros Macció
Curadora