jueves, 7 de mayo de 2009

(allá atrás)

(Para los que no pudieron ir:
Los textos del catálogo)



Para entender el destino hay que mirar atrás, meter los dedos debajo de la piel de tu propia vida, intentar volver a sentir tu historia.

Cuando era un niño muy pequeño tenía muchos sueños que lejos estaban de ser un pintor. Dibujaba cohetes con carbón en la calle porque quería llegar a las estrellas como los astronautas, luego el rocío y los camiones cañeros que rompían el nocturno silencio raleño se encargaban de borrar su efímero vuelo. Tiempo después iba a darme cuenta que salir de un pueblo para estudiar y buscar tu futuro era tan difícil como llegar a la luna. Imagino que llegar a la luna alguna vez debe haber sido solo un sueño.

La vida me llevó por caminos muy alejados al Arte, con realidades diferentes a las de mis sueños, pero siempre hubo personas que mantenían mis dibujos jugando en los rincones de mi crecimiento. En algún lugar deben andar mis libros de Julio Verne, mis gordos diccionarios, mis cómics, mis exámenes de matemáticas con sus problemas totalmente ilustrados que nunca logré recuperar de mi profesora y primer coleccionista.



Quizás pasaron muchas cosas en mi vida que no atrajeron mi atención, pero pasaban para que yo crezca, para que aprenda. Cuántos kilómetros habrá recorrido mi cuerpo y mi cabeza mientras viajaba a buscar mi porvenir. Cuántas personas al azar se cruzaron en mi vida formando mi educación, cuántos errores cometí para saber que la experiencia es sabiduría, cuántas veces me pensé vencido y me di cuenta que en este mundo se muere y se nace muchas veces.

Una sucesión de inevitables acontecimientos, sutiles energías y personas irremplazables, forman parte de lo que hoy muestro, mi técnica es un collage de vidas ajenas que forman mi universo y ocupan los rincones de mi propia vida. Un resultado alquimista.



Me acompañaron siempre en mis aventuras, un caballero de la mancha, un gaucho de nombre Martín y un soñador que se llamaba Ernesto. Su espíritu y sus valores me demostraron que yo solo no era nadie y que el hombre se forma de tesoros inmateriales que debe adquirir durante toda su vida y devolverlos para hacerlos eternos.

Hoy cuando pinto, siento las mismas sensaciones que tenía cuando niño, me invaden muchas emociones que seguramente salen de mi alma para conectarse a mi mano, las imágenes asoman desde mi interior como un tesoro bien escondido, de pronto la tela parece el patio más grande donde volver a jugar libremente.

Si no hubiese vivido cada momento que viví, tal vez mi obra sería distinta, quizás el destino me hizo tomar el camino más largo, para un niño que no soñaba ser artista. Nació artista.


Camila y Samuel cerrando la muestra con música

5 comentarios:

Psicologa con problemas dijo...

que hermoso! te felicito por esos dos pequeños grandes artistas que tenes!
TucuMALA

ceci dijo...

lamento no haberme quedado para ese cierre!!
saludos!

psicoisapecat dijo...

¡Que manera tan transparente la vez que sencilla de presentarte, emocionas. Desprendes arte por todos tus poros o mejor aún eres arte.
Espero que tu trabajo sea bien valorado, porque lo vales.
Un abrazo.
Isabel

Mario Albarracín dijo...

Gracias por las palabras!

¿Vieron mis artistas musicales? ...y falta el bebe que aun está en proceso de estimulación temprana en el Arte.

Gracias por visitar el Blog siempre.

Un Alumno Diferente dijo...

Excelente.
Me gusto mucho lo que lei y los encargados del cierre demuestran que ahora ellos van a vivir o tal vez ya lo viven, lo que vos viviste y sentiste y tus sueños, ahora son de ellos.

Salu2.
Mi MADRE es mi PATRIA y mi NOVIA es mi BANDERA.