miércoles, 10 de diciembre de 2008

LOBO SUELTO



Después de muchas horas de filosofía callejera y lectura mental de mi experiencia en el mundo del Arte tucumano, el cual por mi introvertida armadura, debo aclarar sólo he pisado en puntas de pie y por la sombrita, llego a la conclusión de estar fuera de formato para ser un “cordero atado” a las formas y costumbres de los artistas de estas praderas urbanas.

Mi experiencia es corta en tiempo, pero profunda en observación.

No soy un ecógrafo del comportamiento humano pero mi costumbre de no estudiar de memoria me ha enseñado a leer entre líneas y resumir monografías aburridas buscando el cielo de la bendita comprensión razonable.

La entrada a los corrales

Si bien mi ingreso a este laberinto fue por mi participación en un Salón de Arte muy importante, debo decir que la suerte puso la pata en el pecho de la costumbre de poblar los jurados de Licenciados amigables, por un Artista no contaminado de chapas curriculares y con otras sensibilidades que van más allá de conocer el mapa artístico tucumano y si pisar el territorio sin miedo a empantanarse. Dicho artista (autodidacta pero consagrado) eligió mis “Musiqueros” en su selección, una obra de técnica digital intervenida con pasteles, un dibujo con el volante girado hacia el cubismo con una carga enorme en sus espaldas de patios de tierra y chacareras alucinadas convertidas en: Arte. Nada de formulas, ni técnicas o místicas conceptuales… puro dibujo biseral.



Después de esta experiencia, creí poder pastar tranquilo en estas llanuras y presentarme en los salones y convocatorias venideras sin necesidad de la pobretona esquila que mi currículum ovillaba. Después de mi primera selección, los próximos tres años jamás fui seleccionado, los mismos años en que expuse en Buenos Aires, Cuba y realicé mi primera muestra grande en Tucumán. ¿Qué habrá pasado? ¿Seré yo señor?.

Me pasó por la cabeza que mi obra no cumplía con los cánones de calidad o vuelo académico que “los seleccionadores” esperan o consideran aptos. Pero luego de recorrer los salones y ver las obras seleccionadas podía observar el abandono que los difusores hacían del dibujo como expresión primaria y humana del Arte. El vaciamiento que sufre la palabra ARTE con manifestaciones casi ridículas y alejadas del “hecho estético”, me llevaron a abandonar mis intentos de pertenecer a estas manadas y convertirme en un “lobo suelto”, sin pastores, sin senderos, un solitario aullador sin destino.

“Usted siempre vaya por detrás de su obra, siempre” (Atahualpa Yupanqui).

Hoy ya no me presento en salones ni concursos. Pinto, dibujo, miro, respiro, mastico mi Arte sin presiones ni falsas esperanzas que sustenten mi alma. Disfruto en cada pincela, en cada trazo, en cada imagen que me asalta cuando camino por las calles, de esa palabra mágica que te infla por dentro cuando cerrás los ojos y decís…ARTE.

lunes, 1 de diciembre de 2008

EL NECIO


(Tinta, pastel y tempera sobre cartón)

El que mira sin ver

Muchas veces uno mira lo que le dicen que mire, otras veces uno se ciega a la realidad y camina seguro de que hace lo correcto y es capaz de asegurar la blancura del petroleo, tiene la vista, pero pierde la “Visión”.

La Visión es una habilidad que llega con la experiencia, con los golpes, con los vuelos que hace cada persona por el ecosistema que le toca vivir, con la prueba y error sobre su entorno, como pichones de halcón que agudizan su fina mira mientras las alas toman confianza. Así se aprende y se crece.

Nunca dejes de volar y descubrir, de elegir y sentir, aunque tu vuelo no sea el mismo de los demás.

“Hay a mi alrededor,
más de lo que mis ojos pueden llegar a ver”

(Vox Dei)