jueves, 28 de febrero de 2008

Maestros II: Samuel Albarracín



Una vez escuche al dibujante Isaias Nougues decir que el visitaba los jardines de infantes para ver como dibujaban los niños, y que se sorprendía de ver tanta imaginación sin límites. Parte de su relato describía como un niño había dibujado un violento garabato sin formas en toda la hoja, y cuando el le preguntó que era lo que había dibujado le contestó muy seguro: ¡El Viento!. Otro niño también había dibujado otro gran garabato, lo que motivó nuevamente la curiosidad del dibujante - ¿Que dibujaste ahí? - y el pequeño artista contestó: ¡Un Tigre!, ante la respuesta del niño el dibujante replicó - Pero eso no parece un tigre - y el niño dijo: ¡Es que esta escondido detras de los yuyos!...

Al terminar su conferencia este gran artista dijo: "Esto nos pasa a los artistas actuales, ya no dibujamos Vientos ni Tigres".

En este recorrido que estoy haciendo por "Los maestros de mi vida", quiero destacar a este artista de 6 años del cual aprendo día a día. Samuel es dueño de una sensibilidad y una creatividad únicas, compensadas con un caracter fuerte y muy decidido en sus elecciones.



Siempre compartimos momentos de creación, cuando el me deja. He podido observarlo invadir las hojas con sus líneas nacidas de su mano izquierda, romper todos los límites con un sentido del espacio que sorprendería al más destacado arquitecto.
En nuestra última mesa compartida entre papeles y lápices junto a su hermana y colorista Camila, mientras yo intentaba plasmar un boceto que me rondaba en la cabeza el desarrollaba una serie de ilustracines de lo que sería su primer libro de historietas que se llamaría: "Samuel y Toro". Este inédito ejemplar de más de cien páginas (si, 100), cuenta la história del niño y su personaje mágico, digo mágico por que este Toro vuela y duerme sobre el techo de un avión en pleno vuelo, siempre acompañado de su amigo, viven increíbles aventuras y ganan premios. Lo más interesante de todo es que tremenda cantidad de dibujos fueron realizados en un sólo día.

Debo decir que tengo mucho que aprender de este artista, tan pequeño, tan libre, tan creativo, que este lunes comienza a ir a la escuela por primera vez, que además toca la guitarra y además es mi hijo.



Samuel y Toro / El Salto

lunes, 25 de febrero de 2008

El Arte del Conocimiento: "Saber de quien aprender"

En estos días de "Ocio Creativo", me he preguntado si realmente soy un artista autodidacta o un dibujante que selecciona bien de quien debe aprender.

Definitivamente he aprendido mucho a la distancia (Distancia real e intelectual),de grandes artistas, Tucumanos, Argentinos y Universales. También aprendí de otras personas que no son artistas, de gente simple, con lo dificil que es ser simple en este mundo.

Voy a empezar a postear algunas ideas y textos de personas que admiro y considero "Maestros de mi vida".

Hoy empiezo con Guillermo Roux, pintor, muralista.

A continuación un fragmento de una entrevista que le hicieron en diario CLARIN:

El perseguidor de la luz



El arte es lo que el artista quiere. Lo demás no importa nada. Basta con que llegue a arañar su objetivo, o que llegue a concretar lo que sueña. Si nos da lo que sueña, y lo da con unidad, y lo da sobre todo con verdad, ya estamos frente a algo. Aunque sea un poquitito de verdad, ni siquiera mucho, un poquitito. Pero para eso tiene que indagar en sí mismo. Tiene que darnos un pedazo de su alma. Yo creo que no se puede reemplazar eso por una posición intelectual. Porque entonces estamos fuera del terreno del arte, estamos en otra cosa, en una disquisición filosófica, que tiene que ver con otras disciplinas. El arte es otra cosa, busca otra cosa. El que hizo el Eros, no lo hizo para darme una lección de filosofía, no me quiso explicar nada. Lo que buscó es el arte en sí. Si el arte pierde esa condición, ¿para qué lo queremos?



Roux se pregunta para qué querría el arte si perdiera esa condición, y luego advierte que hay que tener cuidado con la teoría. "Con todo lo mental, con todo lo aprendido —dice Roux— en libros o teorías o en imposiciones o prejuicios. Lo que yo creo que cuenta, fnalmente, es lo visceral, lo que no se expresa con palabras". Piensa unos segundos en silencio y concluye: "Si lo puedo decir con palabras, es que no lo puedo pintar".

Guillermo Roux