jueves, 11 de septiembre de 2008

Que hay detras de mil rostros



Comienzo esta obra con un viejo conocido, "el lápiz", puedo dominarlo como desde niño, siento que tengo el control de la línea, del espacio, de la imagen. La obra empieza a nacer y me gusta como va llenando la tela, además dibujar a lápiz sobre la tela es muy diferente al papel, se siente extraño... me gusta.

Luego recuerdo las palabras de Rocambole: "Si ya lo sabés, para que los vas a hacer", una frase redentora de alguien especial, cuando le dije que las técnicas las aprendía mientras pintaba. Decido entonces dar paso a los pinceles, no para pintar, sino para dibujar.

PINCELES ANARQUISTAS



Dibujar con pincel tiene esa mezcla de sorpresa y miedo, de pronto esas poquitas cerdas de un pincelito que rescato de un purgatorio frasco comienzan a correr por la tela con total libertad y autonomía, intento llevar las riendas del trazo, pero la línea es libre... y eso me encanta. Como en la vida, no se puede tener control de todo, pero aprendemos a disfrutarla.

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