domingo, 3 de agosto de 2008

La efímera gloria del jinete



En estos días, sin abandonar el dibujo, continúo con mis “Lecturas Borgeanas” de esos hermosos libros que me encontraron a mi (si, ellos a mi) en los purgatorios de libros usados que esperan la redención de algún lector que camina por esos pequeños pasillos como un halcón que planea sobre los surcos de la caña recién brotada, esperando su presa desprevenida para ejecutar su juicio final de supervivencia.

Prestando atención de la prosa, llego a comparar a Borges con el hidalgo caballero de la Mancha, su destino y su lugar, creciendo rodeado de libros en un barrio de Palermo donde las esquinas tenían alma de suburbio, sin embargo él estaba detrás de la reja y el jardín entre ilimitados libros de literatura inglesa. En su libro intenta salir a esas calles y recorrerlas con datos históricos y comparaciones de contraste, análisis y pensamiento.

Intento sentirme su escudero y con su libro dejarme llevar, y de pronto me vienen imágenes de mi propia infancia, algunas que había olvidado, otras que talvez recién puedo enfocar y exorcizar en mis telas, como los caballos y sus destinos.



Aquí algunos textos que me parecieron interesantes:

Hay un agrado en percibir, bajo los disfraces del tiempo, las eternas especies del jinete y de la ciudad; ese agrado, en el caso de estas historias, puede dejarnos un sabor melancólico, ya que los argentinos (por obra del gaucho Hernández o por gravitación de nuestro pasado) nos identificamos con el jinete, que es el que pierde al fin. Los centauros vencidos por los lapidas, la muerte del pastor de ovejas Abel a manos de Caín, que era labrador, la derrota de la caballería de Napoleón por la infantería británica en Waterloo, son emblemas y sombras de ese destino.
Jinete que se aleja y se pierde, con una sugestión de derrota, es asimismo en nuestras letras el gaucho. Así, en el Martín Fierro:

Cruz y Fierro de una estancia
una tropilla se arriaron,
por delante se la echaron
como criollos entendidos
y pronto, sin ser sentidos,
por la frontera cruzaron.

Y cuando lo habían pasao,
una madrugada clara,
le dijo Cruz que mirara
las últimas poblaciones
y a Fierro dos lagrimones
le rodaron por la cara.

Y siguiendo el fiel del rumbo
se entraron en el desierto…



La vuelta del malón (Angel Della Valle)
Una lamina de este cuadro acompañó mi infancia.


La guerra de Gengis-Khan contra los Kin (1211-1324)

Los mongoles, con su móvil caballería, podían arrasar los campos y las poblaciones abiertas, pero durante mucho tiempo ignoraron el arte de tomar las plazas fortificadas por los ingenieros chinos. Además, guerreaban en China como en la estepa, por incursiones sucesivas, al cabo de las cuales se retiraban con su botín, dejando que a la retaguardia los chinos volvieran a ocupar las ciudades, levantaran las ruinas, repararan las brechas y rehicieran las fortificaciones, de tal modo que en el curso de aquella guerra los generales mongoles se vieron obligados a reconquistar dos o tres veces las mismas plazas.


Galope / Dibujo Digital MA(Actualmente en Malasia) Destino extraño para uno de mis primeros dibujos.

La figura del hombre sobre el caballo es secretamente patética. Bajo Atila, Azote de Dios, bajo Gengis-khan y bajo Timar, el jinete destruye y funda con violento fragor dilatados reinos, pero sus destrucciones y fundaciones son ilusorias. Su obra es efímera como él. Del labrador procede la palabra cultura, de las ciudades la palabra civilización, pero el jinete es una tempestad que se pierde. Capelle observa, a este propósito, que los griegos, los romanos y los germanos eran pueblos agrícolas.

(De: Evaristo Carriego / J.L. Borges 1930)

2 comentarios:

Jorge dijo...

Hola amigo: quería invitarte que visites el blog que estoy realizando con mis alumnos de segundo año de la secundaria sobre LA DISCRIMINACIÓN.
http://nodiscrimine.blogspot.com
Tema arduo e interesante.
Seguro será de tu agrado.
Te invitamos que leas lo que gustes de él y hagas una opinión sobre el mismo.
Tu aporte será valioso.
Un abrazo desde Adrogué, Buenos Aires.

Un Alumno Diferente dijo...

Te recomiendo a Edgar Alan Poe, es meejor que Borges.