lunes, 4 de febrero de 2013

miércoles, 18 de mayo de 2011

BRIOSOS



Los sueños son como caballos salvajes.

Debes subirte a ellos aunque te parezca imposible que vayas a lograrlo, debes aferrarte a las crines de la esperanza y apretar con las piernas del alma la musculatura caliente, latente y resbalosa de la vida.

Vas a caer.

Y los brazos de tu experiencia irán fortaleciéndose para volver a subirte cuantas veces caigas. Para mostrarte que los pocos galopes que logres valen la pena y que la vida siempre será salvaje y que debes perseguirla y correr junto a ella, nunca verla pasar.

Aunque veas a muchos pasearse en cómodos carruajes, sigue corriendo detrás de esos sueños salvajes que te hacen sentir vivo y comparte tu viaje con otros buscadores de sueños que corren tras tu mismo horizonte.





“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Eduardo Galeano.

jueves, 3 de marzo de 2011

Colores primarios



Un paso firme me mete entre las calles, las veredas de Tucumán son un gran collage de formas y geometrías; algo accidentadas y traicioneras para los desprevenidos. Algunos porteros riegan la tierra oscura que las brisas nocturnas repartieron en sus territorios. El agua toma ese tinte marrón y se desliza por las aceras como una pincela cargada, para diluirse entre las ruedas de los autos que salpican su liquida y efímera existencia, para así crear en el pavimento un Pollock que en pocos minutos se convertirá en vapor.

Salto estos minúsculos ríos y me interno en la cubista arquitectura de la nueva ciudad que crece devorando los bellos edificios antiguos, para darle paso a las “Bienes Raíces”, cada vez con menos raíces.

El cielo de esta mañana es celeste.

Una mezcla de cian puro con un pequeño toque de blanco de las pocas nubes que lo matizan, como la espumita de las tacitas de café que la gente bate entre las mesas de los bares, donde las historias personales comenzaran a tejer el variado collage de personas que forman el fondo expresionista y mágico por donde cruzo todas las mañanas buscando internarme en mis realidades, mientras cierro despacito el cofre sensorial de mis pensamientos y las imágenes se acomodan como un libro en mi memoria.

Los mendigos, los perros y las protestas callejeras contra el gobierno, contrastan sus urgencias y forman un Guernica de lamentos sin color que el sol matiza entre las bocinas de los autos que serpentean para buscar el escape de las arterias invadidas.

Sigo caminando. Lento.



Me acuerdo de una frase de Atahualpa Yupanqui, “el hombre que camina lento, le galopa el pensamiento”. Los pasos se vuelven pinceladas en este paisaje. Buscan, recorren, arrastran sus tintas de rutina entre los colores de vida de miles de personas que no imaginan que en mi recorrido, voy bocetando mis fantasmas, mis imágenes, mis sueños, mis obras.

Pasó el día.

En mi retorno vespertino, el sol va terminando su elíptico paseo para recostarse detrás de los cerros y la ciudad se llena de sombras estiradas que juegan con las botellas y bolsas de plástico que la gente arroja sin imaginar que sus acciones en algunos museos serian la selección del jurado más exigente. Busco separar mi pensamiento del abandono de la belleza y miro hacia los cerros. Los colores que el sol regala en su agonía demuestran que hasta en las diferencias más radicales está escondido el hecho estético. El día y la noche, quizás la más notable dupla del contraste chocan su prologo y epílogo con un espatulado de azules, rojos y amarillos, que poco a poco esfuman su danza impresionista con fondos que oscurecen lentamente para derramar un salpicado asimétrico de estrellas que las luces urbanas se ocuparan de borrar de la mirada humana.

Llega la noche.

Hace un racimo de días que no pinto. Luego de alimentar a los buitres que baten sus alas sobre mi costo de vida y la de mis hijos, veo nuevos atardeceres con mis descansados pinceles. Pero el Arte no conoce de inflación ni subsistencia y se abre camino en cualquier papel, en las manchas de humedad de este febrero lluvioso, en las nubes, en la vida.

Vuelvo a sentirme el niño de ocho años que se negaba a dibujar en la escuela, porque no tenía los crayones y las temperas que los demás malgastaban haciendo círculos vacíos de vida y que generaba los reproches de mi madre ante los maestros, que nunca entendieron sus primeras revoluciones.



“La riqueza, como la libertad, vive en el hombre, y tiene por causa al hombre. En el hombre está la mina, no en el suelo. El suelo puede estar lleno de oro: allí se quedará si falta el hombre capaz de explotarlo”.

(Juan Bautista Alberdi)

jueves, 20 de enero de 2011

Los pies en la tierra



Anoche hubo tormenta.

El ficus del patio yace recostado entre los charcos, como reclamando una nueva maceta que le banque su natural crecimiento y así no caer arrastrado por los vientos arremolidados que pogean sus hojas hasta derribarlo.

Parece descansar.

Imagino las vidas de las personas como las plantas de mi pequeño y nómade jardín. Cientos de sueños humanos plantados en macetas de distintos tamaños, buscando llegar a la tierra del éxito donde estirar sus raices. Mientras los gobiernos van arando la tierra que no toca en partes iguales nunca, muchos estiran sus enredaderas sin límites y la mayoria sufre la poda de sus sueños con la ilusión de que alguna vez el recipiente se rompa, permitiendoles llegar a esas parcelas abonadas para los elegidos.

Levanto la vista y veo los enormes edificios que me rodean, un invernadero de vidas embutidas en paredes que guardan ilusiones, infiernos y cielos. En esta jungla de cemento el ecosistema funciona y sus enredaderas de historias forman su jardín de especies variadas.

Cada uno nace y germina con sueños e ideales y según donde le toque recibir los rayos del sol de la suerte, depende de cada uno como va estirando sus ramas en esta biosfera de vidas que de a poco se va olvidando que todos formamos al mismo bosque y merecemos la misma lluvia.

En este mundo de individualismos donde cada uno cuida de su parcela y si puede le hace sombra a los que intentan crecer desde el suelo, nos vamos quedando aislados sin darnos cuenta que cuando el viento sople no habrá nadie que nos sostenga para volver a brotar a pesar de las caídas.

Somos parte de un todo… (y no nos damos cuenta).



(Dedicado a mi madre en su cumpleaños y a su amor por las plantas)

domingo, 27 de junio de 2010

VOLVER AL FUTURO



El sol cruza por entre las chimeneas del fantasmal ingenio que trasluce los metálicos huesos de sus galpones ya sin alma. Sus trapiches ya no muelen el destino del pueblo y se suma a la maldita lista de ingenios azucareros cerrados por Onganía en el 66. Afilada estocada que hiere el futuro de miles.

A pocos pasos de lo que fuera la entrada de la fábrica, está mi casa.

En el jardín, entre las rosas de mi madre, descansa la escoba vieja que el día anterior fuera el más brioso de los caballos. Un palito de mora mojado de rocío fue la brillante espada con la cual defendí el reino imaginario de mis juegos que las chimeneas vigilan inmóviles, como tres dragones con sus pulmones apagados.

Es domingo.

Además de la leche recién ordeñada que llega en botellas de vino, se suma a los ciclistas repartidores el viejo Pablo: “El Gacetero”. De su enorme canasto de mimbre extrae las noticias impresas en prolijas columnas de tinta negra. Solo una parte de estos papeles sufre una anomalía que parece un trueno, un enjambre de líneas y volúmenes de tinta que se vuelven un imantado agujero negro que absorbe la mirada de un niño de cinco años.

Esos caballos, esas tensas extremidades corporales, esos seres flotantes…
Esos. Son los dibujos del Maestro Aurelio Salas en La Gaceta Literaria.

Mapa y Territorio del Arte

El día que abre en Buenos Aires ARTEBA, la feria de Arte más importante de nuestro país, mapa por donde desfilan las nuevas tendencias del Arte contemporáneo. Yo me subo arriba de un ómnibus que cruza todo el centro de San Miguel de Tucumán y al mismo tiempo cruza más de treinta años de distancia entre mis domingos en Los Ralos y lo que voy a buscar en la esquina de las calles Muñecas y Chile.




Tener un mapa te da una idea abstracta de lo real, pisar el territorio es diferente, es sentir las piedras debajo de tus pies, sentir el aire del camino y la gente que lo recorre.

La sala está en una esquina, es pequeña en arquitectura, pero grande en calidez. Sus paredes están recubiertas con cartón corrugado, una sorprendente piel que contrasta perfectamente con su valioso contenido.

Frente a las obras, vuelvo a sentirme el niño que miraba estas líneas sin saber que iba a ser dibujante. Viajo a mi pasado en segundos y me emociono al enfrentar cada obra, como intentando contener al niño que me trae la memoria. Agradezco poder estar parado en este río de tinta que me permite acercarme a su orilla.

El mozo amigo me acerca una copa de vino.

Ya he recorrido tres veces la hilera de cuadros. El vino me recorre a mi, como un catalizador de tanta emoción, para volver a sentir lo mismo que sentí cuando era un niño que aun no sabía leer, pero que sentía una inexplicable atracción por esos campos de tinta que lo llevarían a ser, lo que debía ser: “Un Dibujante”.



Gracias maestro Aurelio Salas.
La Muestra permanece abierta hasta el 24 de julio
Territorio del Arte

martes, 18 de mayo de 2010

Tucumán y su lienzo blanco



38 años despues, debo decir que me alegro de haber nacido en este lugar del mundo. Con sus imperfecciones y revoluciones humanas, sus colapsos y energías, sus diferencias y aciertos y sobre todo esos cerros que hoy me regalaron una mañana fría y soleada con este bastidor natural de rocas nevadas que forman el nido histórico donde nació mi Patria, y donde el viento que peina los cañaverales llega endulzado para inflarme de suspiros que en algún momento saldrán convertidos en dibujos.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Exponer



(Del lat. exponĕre).
- Presentar algo para que sea visto, ponerlo de manifiesto.
- Colocar algo para que reciba la acción de un agente.
- Arriesgar, aventurar, poner algo en contingencia de perderse o dañarse.


Dejo el diccionario. Justo al lado del pequeño ejemplar de “Cinco semanas en globo” (casualidad).

Recuerdo mi última muestra, mientras miro mis obras embaladas y prolijamente envueltas en plásticos burbuja. Están apiladas sin orden y sin luces en el pequeño cuarto purgatorio que las cobija de la tierra que invade el aire de Tucumán. Que destino ingrato y oscuro para tanto color.

Recuerdo las horas previas a mi última exposición. La sala parecía un pulmón, simétricamente perfecta, inmaculadamente blanca. Vacía.

Respiraba.

Los cuadros. Como poéticas arterias, latían a la espera del flujo humano que las recorrería. Como un cuerpo yacente esperando el torrente sanguíneo que le de vida.

Pienso en la sangre y mis clases de biología en el Colegio Nacional, recuerdo y conecto nodos de memoria hasta llegar a mi realidad actual. Si una persona adulta tiene entre 5 y 6 litros de sangre en su cuerpo, una sala llena equivale a un verdadero río que se mueve mansamente entre las obras. Se detiene y vuelve a avanzar, cada persona es un pequeño remolino en este río.

Este caudal humano ha regado mi siembra dibujada con su afecto, la cosecha es buena.


Hasta el 8 de abril / Costumbres Argentinas - San Juan 666 - Tucumán

viernes, 6 de noviembre de 2009

Pintar hasta que duela



Buscar espacios de tiempo para pintar es casi una ilusión cuántica. El cansancio diario de ganarse el pan con el sudor del cerebro agota las fuerzas mentales y físicas. Como los animales de un zoológico, uno lleva la selva por dentro.

La noche trae calma.

A mis espaldas suben los duendes que habitan mis silencios. El cansancio es como una caída inesperada, como un golpe de sombras. En este camino acelerado de la vida, pisar el freno precipita un choque en cadena de responsabilidades y futuros inmediatos que me hacen mirar los retrovisores de la angustia muy seguido.

Parar. Respirar.

Suelto de mis hombros los morrales de mil pasados que como jinetes fantasmas cabalgan en mis arterias, buscando en los rincones instalar sus campamentos de memorias y sitiar cualquier avance personal. Peregrino avanzo sin miedos hacia el lienzo nocturno que me espera. Mudo, pálido, cómplice.

El alma extiende sus alas, lo imaginario rodea el aire. El mundo, los mundos han quedado muy atrás. La noche embarazada de minutos congelados por cada pincelada, me recuerda con dolores físicos que mi espalda tiene límites humanos.

Sigo.

Cual Ulises atado al mástil de su barco, avanzo en la tela escuchando el canto de las sirenas que nadan en los líquidos colores de mi mesita de pinturas. La imagen, misteriosa empieza a tomar posesión de su territorio conquistado. Los balcones de mis parpados son visitados por suicidas gotas lagrimales que anarquistas saltan al ver como las emociones que me acompañaron durante el día, acaban de tomar forma y color.

viernes, 16 de octubre de 2009

100 DIAS



Mis pinceles estiran sus piernas.

Paso la palma de mi mano como sobrevolando las latas que los contienen, este vuelo rasante los acaricia como pequeños cachorros que sienten la pertenencia.

Cien días han pasado desde que toque la última tela.

Acostumbrarme a un nuevo lugar es casi una misa de réquiem, la falta de espacio físico y temporal en mi nuevo universo se ha vuelto una barrera invisible en mi camino artístico. He dejado el frente de batalla entre mis sueños y fantasmas para ocupar un lugar menos concurrido de otras vidas. Sin embargo nunca deje de pintar en mi interior, he caminado cada metro mezclando colores, trazando lineales garabatos en el aire polvoriento de mis calles.

Los dedos ya se han conectado al pincel que he seleccionado entre los elegidos. Duro destino le espera.

Cortar el silencioso mar blanco del lienzo es comparable a un salto al vacío. Miedo, angustia, soledad, esperanza, nervios, memoria. Las líneas que imaginé en el aire mientras caminaba, hoy se amontonan en las puertas de mi cabeza para salir a recorrer este territorio sin mapas, sin límites.

No busco ninguna colina para mirar mis alcances, dejo al pincel interpretar su baile umbilical y sanguíneo. La música me acompaña y los aromas de la comida cruzan desde la cocina de mi casa para traerme de nuevo a la realidad del hogar, los dedos, cual lobos en jauría, vuelven a su delgada tranquilidad. Aun tiemblan.

La tela, como un patio de campo que acaba de recibir las lágrimas milagrosas de una tormenta esperada, reposa del ataque como una mujer vistiendo su mejor vestido.

La obra está terminada (he vuelto a pintar).



"Argamonte" (Acrílico)

lunes, 28 de septiembre de 2009

Del cañaveral a una isla



Vivo en una provincia mediterránea, el mar está a 1.300 Km. Los vientos que recorren mis calles son apresados por una cadena montañosa que da inicio a la precordillera de los Andes, un territorio con paisajes húmedos y también paisajes humanos.

El paisaje humano más destacado es “el abismo” entre ricos y pobres. Los destinos ocupan las mismas pistas, pero las metas son diferentes, unos buscan sobrevivir y los otros por no perder su status. “Cascadas” de piernas alineadas en las veredas esperan que los bancos abran las canillas que riegan con planes de asistencia la tan valorada “Paz social”. Estas limosnas administradas políticamente, mantienen un caldo social en su punto justo. Mientras las manadas pasten tranquilas, no les interesará avanzar por mejores pasturas y las estampidas revolucionarias estarán controladas como un reloj. Puro Síndrome de Estocolmo.



En medio de esta selva, la cultura artística se abre paso como una enredadera, busca la luz en medio de la escasez de riego. Muchas especies anidan en las ramas de árboles cada vez más altos de alcanzar. Los artistas forman pequeñas manadas y comparten sus biomas unos con otros reciclando público para subsistir. Las manadas populares y masivas, no se acercan a las lagunas culturales que sólo parecen atraer público calificado.

Y existimos otros cóndores solitarios, que vivimos sobrevolando estos paisajes sin que nadie nos vea. Las bandadas no nos atraen, la observación es nuestra costumbre. Abrimos las alas para mostrar nuestros vuelos interiores alguna vez, en algún lugar.

Lugares



Hace unos años, llegaron por mi casa dos tucumanos interesados en mis obras para iniciar la ruta del Arte tucumano por Asia.

Estos mercaderes de ilusiones, decidieron emprender en viaje con varias de mis obras y de otros artistas de la provincia. Un mercado desconocido los esperaba y la esperanza de abrir el camino para mostrar obras “Tucumanas” del otro lado del mundo.

Hoy, mis obras están exponiéndose en Galerie Dauphin de Singapur, algo que hace unos años jamás hubiese imaginado desde aquí, desde mi Tucumán, mi habitat natural y solitario.



Gracias Sol y Gabriel, por su trabajo en Malasia y Singapur.

viernes, 28 de agosto de 2009

Ratos Buenos



Está lloviendo paz. ¡Qué temas viejos
reviven en las noches de verano!...
Se queja una guitarra allá a lo lejos
y mi vecina hace reír al piano.

Escucho, fumo y bebo en tanto el fino
teclado da otra vez su sinfonía:
el cigarro, la música y el vino
familiar, generosa trilogía...

...¡Tengo unas ganas de vivir la riente
vida de placidez que me rodea!
Y por eso quizás, inútilmente,
en el cerebro un cisne me aletea...

¡Qué bien se está cuando el ensueño, en una
tranquila plenitud, se ve tan vago!...
¡Oh, quién pudiera diluir la luna
y beberla en la copa, trago a trago!

Todo viene apacible del olvido
en una caridad de cosas bellas,
así como si Dios, arrepentido,
se hubiese puesto a regalar estrellas.

¡Qué agradable quietud! ¡Y qué sereno
el ambiente, al que empiezo a acostumbrarme,
sin un solo recuerdo, malo o bueno,
que, importuno, se acerque a conturbarme!

Y me siento feliz, porque hoy tampoco
ha soñado imposibles mi cabeza;
en el fondo del vaso, poco a poco,
se ha dormido, borracha, la tristeza...

(Evaristo Carriego)

Ilustración:
Detalle de Clodomiro / Acrilico

viernes, 14 de agosto de 2009

Rincones



Pintar es un ritual interior. Todo ocurre desde los profundos sitios baldíos del corazón hasta la más mínima arteria que transporta ese tinte rojo y torrentoso que recorre cada centímetro del cuerpo y se acumula en los dedos de la mano, dando paso al peligroso primer trazo que cargado de temor se vuelve verdugo de la inmaculada tela que claudica ante su colorido verdugo.

Intento vencer la falta de espacio que mis realidades me imponen, dibujo interiormente mientras camino, mientras espero el sueño por la noche, mientras los fantasmas de mi memoria juegan con mis pinceles y espero un momento tranquilo para abrir el corral de mis emociones…

Ese rejunte de imágenes que mis ojos interiores fueron recolectando por donde muchos pasan sin mirar, hoy son una estampida sin redes buscando anidar en el lienzo para ser parte mágica y latente de “un hecho estético”.


Estados de ánimo

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.


(Mario Benedetti)

martes, 21 de julio de 2009

Lengua de tinta



El Padre José María de la Torre, era un cura distinto. Un español tosco y de gran altura, que además de dar misa y convertir confesiones de niños en graciosas charlas de amigos, también era montañista y deportista.

Tenía una perrita de mal genio llamada “Dorita”, dueña de un agudo ladrido repetitivo que recorría todas las mañanas las interminables escaleras del inmenso edificio. Recuerdo haber visto alguna vez al padre José María interpretando la lengua de los perros: “Dorita!... no digas malas palabras” cuando la perra peleaba con el viejo perro del jardinero.

Pero hablar con los perros y escalar los Alpes no era la única virtud de este cura.

“Dibujaba”.

Sentado frente a un estudio poblado de decenas de niños que alternaban sus ejercicios de matemáticas y latín con revisiones solapadas de sus tobillos machacados por un intenso partido de fútbol del que solo el sol de la siesta había sido testigo… Sentado, dibujaba.

El almidonado silencio, sólo se interrumpía cuando la guillotina de su tos cortaba el aire del salón. Alguna vez nos contó que le habían operado mal sus amígdalas y desde ese día la tos se había convertido en su sombra sonora.

Si Dios tenía un Plan para mi, creo que esta fue una etapa inicial. A los doce años cuando la vida parecía llegar a un precipicio inesperado y las vacas flacas decidieron pastar en nuestro patio, de pronto tuve la mejor educación gratis y un maestro del dibujo, que aunque yo no mostraba interés alguno por ser un artista, se ocupaba de mostrarme las diferentes corrientes del Arte y sus técnicas. Muy pocas veces le preste la atención que merecía, sin embargo me enseño mucho.

EL TREN DE LOS DIBUJOS



Una vez el Padre José María me contó que emprendió un viaje para llegar a unas montañas en Europa, quería escalar y conquistar un pico más en su lista. Para llegar al lugar debía cruzar Alemania en tren. El sólo hablaba español, pero la barrera idiomática no le impediría llegar hasta su destino.

El tren emprendió su serpenteante camino.

Entre los asientos iban muchos niños que le hablaban sin que el pudiera entender nada, de pronto sus dedos de dibujante le abrieron las puertas de la comunicación. Tomó su libreta, un lápiz y comenzó a charlar dibujando, los niños dibujaron también sus preguntas y sus respuestas, de pronto millones de años de evolución lingüística pegaron un salto a sus orígenes para llenar el vagón de dibujos.

Desde ese día, este cura dibujante caminó por muchas calles rompiendo las barreras de la lengua, haciendo caminos con lápices y plumas, manteniendo viva la expresión más pura del Arte de los hombres: El Dibujo.



Cueva de Lascaux (Francia)

Ilustración tren: Jon Mikel / www.cowboyorange.com

Dedicado a mis maestros y compañeros
del Seminario Menor San José - 1984 Tucumán

miércoles, 8 de julio de 2009

Mano Suelta



Es un hecho que el dibujo es anterior a la palabra, desde la antigüedad el dibujo formó parte de la expresión “muda” del hombre, desde las cavernas hasta la capilla sixtina el dibujo siempre ocupó importancia didáctica, mágica y hasta espiritual en la vida humana, antes que se escribiera la Biblia y sobre todo hasta que aprendieron a leer los futuros cristianos, los artistas de la imagen hicieron su aporte visual para mostrar las hogueras del infierno a los temerosos.

Los niños antes de aprender a hablar dibujan, con tanta libertad que hasta las paredes sufren sus estallidos creativos, pueden volar con un lápiz sin necesidad de explicaciones “conceptuales” y mucho menos terrenales. El niño conquista superficies con sus líneas, sin los límites invisibles que un artista maduro lleva impuestos en sus expresiones. El artista adulto se envuelve en preocupaciones de estilo, mercado, modas y cuantas barreras invisibles se le crucen en el camino del Arte, pierde y arriesga cuando su memoria comienza a deshacerse de sus sensaciones infantiles y la técnica lo acecha a robarle eso que los niños derrochan a borbotones: “La Libertad”.


"Desde la tribuna" (Samuel / 7 años)


“El dibujo es la disciplina más honesta de las artes plásticas… es bueno o es malo” (S. Dalí)

viernes, 12 de junio de 2009

Cuando las pasiones se hacen Arte…



Cruzar la galería del antiguo edificio afrancesado construido en 1905 que alberga un gran patrimonio artístico no es una casualidad. Que un cartel rojo con una figura de trazos sueltos, con la frase “allá atrás” llame nuestra atención hacia la sala del fondo tampoco. Más bien diría, es causalidad pura.

Causalidad cuya consecuencia es una invitación concreta a conocer los rincones más vastos de la creatividad, de la imaginación inquieta que parece dibujar las pasiones. Ese espacio de la memoria y los anhelos, “allá atrás” en lo profundo del ser, donde las emociones buscan convertirse en realidad. Y en la obra de Mario Albarracín las pasiones y emociones permanecen fieles al arte mismo.



En sus obras, la inspiración es puesta en lo cotidiano sin transcripciones naturalistas sino como un código de sutiles signos que nacen desde un proceso exigente pero de libres modos expresivos. Todas sus inquietudes se traducen en dibujos y pinturas que se muestran como apariciones ondulantes en desdoblamientos imposibles, complementados por una absoluta coherencia cromática que establece el orden al caos de los trazos iniciales.

En un mundo mundano y mercantilizado, donde el arte parece responder cada vez más a fórmulas que han acaparado la razón de ser de la creación artística, este joven artista rescata el sentir en el arte. Un arte lleno de sutilezas y alusiones donde lo más llamativo es la presencia de una visión profundamente auténtica que pone de manifiesto los motivos de su pintura: una reflexión abstracta sobre su relación emocional con el mundo.



Su obra es el resultado de una catarsis creativa, síntesis entre sus vivencias celosamente guardadas en la memoria, los cuestionamientos existenciales producto de su posición en el mundo y los altibajos vividos en el sinuoso camino del arte. Como dijera Alain, en sus maravillosos ensayos sobre arte, “el hombre no se aproxima a lo bello en un vacío o como hastío de los sentimientos; por lo contrario, demasiado cargado de pasión, viene aquí para aprender a sentir sin morir.”

Cecilia Quinteros Macció
Curadora